Científicos del CIBIR descubren una molécula que aumenta la velocidad del tráfico intracelular

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  • El interior de una célula se parece a una atareada ciudad industrial con sus carreteras por las que circulan potentes camiones que transportan mercancías necesarias para mantener un nivel de vida bastante frenético. En la célula, las carreteras están constituidas por los microtúbulos, unas varillas rígidas que van del centro de la célula hasta la periferia; y los camiones son los llamados motores celulares, unos complejos proteicos que se mueven sobre los microtúbulos arrastrando otros componentes de la célula tales como mitocondrias (que proporcionan la energía), vesículas con muy distintos contenidos, o los mismos cromosomas durante la división celular. Estos procesos de transporte son vitales para la célula y su bloqueo durante un tiempo relativamente largo supone la muerte celular.

    Los doctores Ignacio Larráyoz y Alfredo Martínez, del Área de Oncología del Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR), acaban de publicar un trabajo en la prestigiosa revista Endocrinology donde describen una molécula, denominada PAMP, que se une tanto a los microtúbulos como a los motores celulares y aumenta considerablemente la velocidad a la que estos componentes se desplazan entre sí. En un primer momento, este aumento de velocidad se demostró en el tubo de ensayo, pero más adelante se pudo comprobar también en células vivas. Para ello, los autores del artículo obtuvieron una cepa de ratones genéticamente modificados a los que se les había eliminado el gen que produce el PAMP. Al medir la velocidad a la que se desplazan las mitocondrias dentro de las células nerviosas de estos animales, se vio que en los ratones que carecían de PAMP las mitocondrias viajaban más despacio que las de animales que sí expresaban esta proteína. Los científicos fueron capaces de recuperar la velocidad original añadiendo PAMP desde fuera a las neuronas que no lo tenían.

    Este descubrimiento tiene un número de aplicaciones prácticas. Por un lado, aumenta nuestro conocimiento de cómo funciona la célula y especialmente su sistema de transporte interno. Por otra parte, los microtúbulos son muy importantes  en las células cancerosas y muchos de los fármacos empleados en quimioterapia (taxanos y sus derivados) están dirigidos contra estos componentes de la célula; habrá que estudiar si el PAMP es una buena diana terapéutica para diseñar nuevos fármacos antitumorales. Además muchas de las enfermedades neurológicas crónicas (Alzheimer, Parkinson, ataxias, etc) se caracterizan por un movimiento lento de las mitocondrias del interior de las neuronas; habrá que ver si el PAMP tiene algo que ver con esto. Por último, existe una rama emergente de la ingeniería llamada nanotecnología.  Esta disciplina utiliza componentes de la célula, y muy frecuentemente microtúbulos y motores celulares, para realizar procesos industriales a muy pequeña escala. De esta manera se pueden diseñar sensores, microlaboratorios y otros procesos muy precisos. Obviamente, el descubrimiento presentado en este artículo abre la posibilidad de utilizar el PAMP como un “acelerador” para estos aparatos. De hecho, los autores han conseguido una patente sobre las posibles aplicaciones del PAMP en nanotecnología.

    Referencia del artículo: Larráyoz IM, Martínez A. Proadrenomedullin N-terminal 20 peptide increases kinesin´s velocity both in vitro and in vivo. Endocrinology, doi: 10.1210/en.2011-1685

    Link: httpalt://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22334720

     

     

    Figura. Neuronas del cerebro de un ratón donde se marcan en verde las mitocondrias.